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Cien Años de Lisadoterapia

Hace sobradamente un siglo, en febrero de 1901, nacía en la Argentina la Lisadoterapia, esta excepcional vía curativa fundamentada en la ingesta de lisados proteicos.

Obra cumbre del sabio médico argentino, Carlos L. Villar, se convirtió en la pionera de las terapias naturales con sólidos fundamentos científicos y postuló un nuevo paradigma médico, posteriormente adoptado por grandes investigadores. Aquel paradigma que preconiza el “alimento de terreno”, es decir, la nutrición del organismo en su más íntima escala celular para que sea él, y no fármacos químicamente formulados, quien elimine el patógeno y posibilite así al paciente más plenas y mejores calidades de vida.

Si bien el Dr. Villar venía trabajando en su desarrollo desde hacía varios años, fue en ese mes de febrero de 1901 que presenta sus resultados ante asombrados colegas. En la sala 5ª del Hospital Militar destinada a los tuberculosos, presentó las evidencias de la curación de 50 conscriptos atacados del terrible mal luego del tratamiento con su producto, un hidrolisado de músculo estriado de buey.

La comunidad médica argentina, aún ante la contundente evidencia de su efectividad, no aceptó como válida la propuesta y, sea por desconocimiento, por falta de elasticidad mental

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Cien Años de Lisadoterapia

Hace sobradamente un siglo, en febrero de 1901, nacía en la Argentina la Lisadoterapia, esta excepcional vía curativa fundamentada en la ingesta de lisados proteicos.

Obra cumbre del sabio médico argentino, o por celos científicos, rechazó los argumentos de Villar y determinó que la terapia “carecía de serios fundamentos científicos”.

No pasa mucho tiempo sin que científicos de todo el mundo, fundamentalmente Suecia y Rusia, se interesen en esta terapia y la desarrollen con éxito, bien que por procesar las bases proteicas sin enzimas, con menor efectividad. El diario “La Nación” publica, en el año 1944, un artículo cuyo copete reza: “Hay un suero antituberculoso en Suecia que fue elaborado por un médico argentino: el Dr. Villar” En tal artículo se expresa, entre otras cosas: “En los países escandinavos y eslavos se elaboran y aplican productos basados en principios que sirven de fundamentos científicos al “Suero Villar”; y se los considera como creación original, cuando en realidad le corresponde el mérito a nuestro compatriota, y la prioridad también”

En nuestro país, y en el año 1940, la Dirección Nacional de Higiene aprueba el producto como apto y autoriza su fabricación y venta en todo el país.

Aunque seriamente afectado por la actitud de sus colegas, el Dr. Villar continuó con sus trabajos, perfeccionando sus procesos y productos e incorporando lisados de otros tejidos o glándulas. Muere en 1907 y son sus hijos, Mariano y Alfredo quienes continúan durante años con sus trabajos. En 1950, el supérstite de ambos, Alfredo, funda en Rosario el Instituto de Lisadoterapia Argentina Dr. Carlos L. Villar. Y desde esos días nuestra firma, con adaptaciones societarias, ostenta con sano orgullo el blasón de ser el primer fabricante mundial de hidrolisados proteicos.


Nuestra marca registrada internacionalmente, “Villar”, identifica a los lisados producidos según las iniciales enseñanzas del Dr. Villar, con los perfeccionamientos surgidos a través de décadas de serios estudios y trabajos y con una actitud ética a la que nos obliga nuestro respeto a tan ilustre antecesor.

En el hall de nuestra sede se exhibe un cuadro, de seda con bordados en oro, con el que un gran número de pacientes curados con la Lisadoterapia testimoniaron en 1902 al Dr. Villar su gratitud. Y luego de su agradecimiento y del detalle de sus nombres, culminan con una frase que, para terminar estas líneas, nos permitimos hacer nuestra: “Honor a la Ciencia”.

 

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